En mi tercera incursión en el mundo de la psicología mundana voy a desarrollar, lo que buenamente me permita mi mala leche, unos cuantos matices de una de las especies urbanas que más proliferan a nuestro alrededor mediatizados por el mundo de la imagen, el artificio y la apariencia. No es otro que el NUEVO RICO.
El nuevo rico no es muy complicado de catalogar, llama la atención por sí solo, aunque dentro de lo que llamamos nuevo rico sí podemos diferenciar al que de verdad es rico y al que quiere aparentarlo. El comportamiento de ambos es similar en la forma, pero mientras uno es un gilipollas podrido de dinero el otro es un gilipollas que come más o menos patatas según sube o baja el Euribor.
El nuevo rico se caracteriza por comportamientos diferentes al rico con solera o de rancio abolengo. Este último suele ser persona más bien discreta en sus demostraciones de músculo que disfruta de su patrimonio y su posición con la clase, la educación y la cortesía que ha heredado de sus ancestros ya de clase alta, poco dado a fuegos de artificio ante el populacho reservándose la pólvora para donde le interesa prenderla, ante sus semejantes. El nuevo rico es todo lo contario; opulento y fanfarrón por definición, descarado hasta el aborrecimiento.
Nuestro “amigo” es denostado por los ricos de verdad, no lo considerarían de su grupo aunque sus micciones fueran de Moët Chandon, y eso jode. Así que para mitigar su afán de protagonismo y recibir su periódico baño de ego se dedica a palpar las gónadas de sus más allegados (su casa es la más grande, su coche el que más corre, su viaje el más caro…) que al principio se alegran de que la vida le vaya tan bien, pero que al final, a pesar de que siguen alegrándose de su dicha, empiezan a no soportar sus ataques de vanidad y paulatinamente le van mandando a “escaparrar”. ¡Y éste por lo menos tiene posibles! Porque el otro nuevo rico, el del Euribor, es para mear y no echar gota.
Que te de la paliza un nuevo rico con dinero pase, pero que te venga dando la brasa un mendrugo con aires de grandeza ya no pasa, y de estos hay una auténtica plaga. Adosadito con jardín y BMW o Audi en la puerta (a cargo de la hipoteca), niños a colegio de pago (pero que se note que es caro), ropa des conjuntada pero de rigurosa marca (por supuesto comprada en rebajas) y trabajando como un loco para poderse pagar el nivelón de vida que quiere que vean los demás que lleva, y eso sí, patatas, muchas patatas para comer, antes pasar hambre que no poder pagarse el móvil de última generación, que para comer marisco y chuletón ya están las comilonas en casa de la familia. Son estos que cuando van de boda regalan un cenicero y van cuatro a cenar, o que no sacan el Audi del garaje porque llevan las ruedas en los alambres, los que nunca pagan la ronda, los que te invitan a su casa café y es solo a café, esos que se hacen de derechas porque todo buen rico debe ser de derechas, esos que van a comprar al super con chándal y mocasines. Pero lo que me subleva de verdad es que no se cortan ni un pelo en decirme que soy un "pringao" porque, a pesar de tener mi casita pagada, mi cochecito, irme de vacaciones donde me da la real gana , disfrutar de mis amigos de toda la vida, tener la nevera llena, apretarme un buen chuletón entre pecho, y espalda cuando me place y vivir como un cura, ellos son ricos. Y el día que suben las hipotecas…pues eso, más patas y mucha cebolla, que es barata y engorda la olla.